¿Existe o no el turismo sexual?

Hablar de “turismo sexual” con referencia a un destino turístico o vacacional, desde luego que hunde la credibilidad de cualquier país como receptor de viajeros internacional. No es algo que quede muy bien en los panfletos, ni siquiera que se expanda gracias al boca a boca, y la gran mayoría de compañías de viaje y desde los gobiernos de esos supuestos destinos no hacen más que decir que ya es sólo leyenda urbana… Y la cuestión es: ¿es realmente así?

Yo creo, para empezar, que habría que empezar a distinguir entre lo que es ese supuesto turismo sexual, y el deseo casi innato de cualquier viajero o viajera que viaja en plan ocioso a cualquier destino a tener, si se puede, relaciones sexuales con los habitantes de dicho destino. Si eres un tío occidental (o una tía, ya hay de todo en la viña del Señor), y viajas a cualquier lugar de Asia, Latinoamérica o África, lo normal es que no quieras volverte sin haber tenido un poco de sexo interracial, siempre dentro de tus posibilidades. Gracias a las peliculas porno y a todos los videos xxx que podemos ver por internet, imaginamos el sexo con esta gente como algo exótico, y aunque lo más seguro es que en la práctica no difiera mucho del que estamos acostumbrados a practicar, el morbo lo hace todo mucho más excitante y placentero, por supuesto. Bueno, esto, y lo que se farda al llegar del extranjero y contar que te has tirado a un par de pibones del lugar, aunque puede que no hayan sido un par, y ni tan siquiera pibones.

Y bueno, los que vivimos en países considerados paraísos turísticos no nos quedamos atrás, pues también nos gusta tener en nuestro haber alguna que otra historia picante con algún visitante internacional. No es nada extraño, y que conste que eso no sólo pasa si son turistas del exterior; por suerte no somos nada exclusivos, y si la persona en cuestión vienen del pueblo de al lado, tampoco es que nos importe, acabamos fardando igual. De hecho, es algo comprobado que aquellos que no tienen suerte con las chicas de su localidad, suelen gustar a las de fuera, tanto si salen ellos como si vienen ellas, ¿por qué será? Pues, como digo, porque la inercia del viaje de diversión, aunque sea a pocos kilómetros, es acabar liándote con la persona que pilles en el lugar de destino, y además tampoco miramos mucho ni nos andamos con excentricidades, cualquiera está bien.

Son un clásico esos amores de verano, llamados así porque frecuentemente se daban entre la gente que iba de vacaciones a un lugar (generalmente del interior a la costa) y allí conocía a alguien que durante el período estival se convertía en su media naranja… y luego, cuando volvía a su ciudad de origen, no se acordaba ni de su nombre. Estos amores, si se volvían demasiado apasionados y se salían de madre, acababan frecuentemente en bodas precipitadas, y si era imposible localizar a la parte masculina, en hijos de madres solteras, porque cuando se es joven y se tiene la sangre caliente… pues ya se sabe lo que puede pasar, sobre todo en una época donde los condones no eran de uso generalizado.

Así que, si tomamos todas estas situaciones como turismo sexual, se podría más o menos consentir, y tomarlo como una anécdota o algo que todo turista debe hacer o al menos intentar. Si hablamos de pagar por obtener sexo… por supuesto es algo a combatir, y ningún país debería ser flexible ni permitir que en su fronteras se practicara tan actividad.

Lugares de costa, los reyes de las vacaciones

Tradicionalmente, para los españoles el irse a la playa ha sido sinónimo de la buena vida, de darse un homenaje una vez al año en aquellas interminables caravanas que nos llevaban a la costa en el descanso laboral veraniego, de cambiar de aires para todos aquellos (la gran mayoría) que vivían en el interior y sólo se daban el lujo de ver el mar durante algunos días  por vez anual… Por supuesto, no todos podían irse de vacaciones, ni todos lo podían hacer viajando a un lugar con playa; por eso, cuando todos empezamos a poder hacerlo, fue como poner al alcance de cualquiera lo que antes había sido un lujo, ¡y mira que sentaba bien!

Pero gracias que el nivel de vida ha subido para todos nosotros, ahora podemos decir que un viaje a la playa ya no es algo tan extraordinario, y además, tampoco es ya algo exclusivo del verano. No necesitamos ya ningún motivo en especial para visitar la costa en cualquier época del año, y todos nos lo podemos permitir mas o menos sin tener que pasarnos todo un año ahorrando para ello, pues todo lo que tiene que ver con los destinos de playa más o menos asequible para la gran mayoría de la población. Entonces, ¿ha acabado la época dorada de las vacaciones costeras?

Por suerte, los españoles somos gente de costumbres, y en un país donde el turismo mueve gran parte de la economía, no hemos acabado de sentir atracción por el mar y por lo que la playa evoca en nosotros en lo que se refiere al tiempo libre. Y es algo bueno, porque España tiene kilómetros y kilómetros de costa, y de tan diferentes características, que la lista de actividades que se puede realizar en ellas, aparte de las normales como pasear, bañarse y tomar el sol, puede ser interminable. Además, también destacan por su belleza natural, y muchas de ellas alcanzan las mayores calificaciones en calidad, cosa importante de cara a nuestra proyección internacional. Por todo esto, es imposible evitar el influjo que el mar y la arena tienen en nosotros, siempre evocando en nosotros los mejores recuerdos.

Por supuesto que España no es el único país con buenas playas, ni los españoles los únicos que consideran el sumum de unas buenas vacaciones el mojarse los pies en el mar. Cosas curiosas, historias increíbles y bellos paisajes pueden descubrirse si a alguien le da por darse un paseo virtual por estos lugares de costa, que es justamente lo que intentaremos nosotros.